... nai no nai no naaaaaaa.
Domingo, solecito, mañana fresca... se daban todas las condiciones para recordar el olor del campo en un día de mountain bike.
El comienzo de la ruta fue un poco pesado, monótono, incluso duro, pues ir con bicicletas de montaña con ruedas de tacos por asfalto es de lo más desesperante que hay. Pero no quedaba otra después de los dos inviernos que hemos tenido, que han dejado muchos tramos como auténticas zonas de escalada. Así que con esa idea en mente, nos dirijimos a Nívar.
Ya en la primera subida comienzan los miedos, miedos a encontrarnos a ese señor que tanto queremos, el del mazo. Y es que la subida parece eterna. Es en ese preciso instante, cuando te acuerdas de lo agusto que estás en la cama, de todo lo que te queda por subir.
Son las 9:30, el día acaba de empezar y no entiendo cómo puedo sudar tanto, pensaba alguno.
Llegamos a Güevéjar, las primeras quejas se hacen notar, pero seguimos con nuestro vía crucis para subir a Nívar, no sin antes comprobar cómo un autóctono de la zona, con su flamante tractor deportivo, se nos pone a rueda para darnos el "hachazo" justo antes de coronar el pueblo. Claramente luchaba por el malliot de la montaña.
Seguimos pedaleando, viendo el final del túnel en esa última subida a Nívar, cuando de repente aparece un grupo de la "competencia". Oh no!, van hacia el mismo sitio que nosotros. Efecto cannondale a la vista...
Una vez allí, comienza lo bueno. Entramos en el campito!! Todo discurre por una pista fácil y buena que nos lleva hacia la alfaguara. Los males parecen desaparecer, el efecto cannondale no tiene lugar,... pero todo es una ilusión. Ese desgaste inicial iba a mermar la capacidad del grupo, despertando sus instintos más primitivos. La falta de agua no solo es la criptonita para Pepe!.

Coronado este penúltimo puerto, llegamos a la cañada del sereno. Vamos a poner a prueba las capacidades técnicas del nuevo (¿y único?) miembro, Manuel. Esta bajada que todos conocemos, combina tramos sencillos con otros algo técnicos, donde el paso montado se hace ligeramente peligroso.
Estaba excepcional como siempre! Todas sus piedras bien puestas, como nos gusta a algunos.

Prueba superada!. La bajada ha sido un rotundo éxito, a pesar de tener que compartir zonas complicadas con excursionistas, algunos muy de ciudad por cierto.
Es aquí, en este preciso instante, donde la luz roja se enciende. La temperatura ha alcanzado su máximo nivel y requiere de agua fresca para bajarlo. "Y bajó de
la montaña Moisés
y escenificó la última buena nueva." Una casa forestal que nunca había visto y que dispone de agua fresca y potable...
A partir de aquí, y con agua suficiente, el día cambia de color. Todo se hace mucho más agradable y llevadero, a pesar de tener que realizar un último esfuerzo para poder llegar al camino que nos llevará a Víznar, y de ahí a Granada.
Se acabó el subir por hoy!
Ha sido un día casi perfecto. He recuperado esas sensaciones que me hicieron recorrer el Mediterráneo.
El bueno.
Don Manué, que acaboó cual pasa deshidratada, pero aguantó de manera más que digna.
El casi.
Se echa en falta un grupo más numeroso...