Con esta frase acaba un popular chascarrillo sobre la "malafollá granaína".
También se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra...
Por ahora esto no tiene mucho sentido que digamos, así que voy a tratar de explicarme.
Como el domingo partí la cadena sin aviso previo y Montecoche está a la vuelta de la esquina había decidido no jugarmela y cambiarla del tiron (leáse "tairon").
El caso es que ahora que soy currante intensivo al único sitio donde puedo ir de compras (sin contar internette :P ) es a los grandes almacenes, pero no me hace mucha gracia comprar las cosas de la bici allí... así que decidí acercarme a primera hora de la tarde a una conocida tienda "granaína" de la que no soy gran seguidor, pero bueno, como es la que me pilla más cerca y los precios están bien... haré un sacrificio, pensé.
Pues entro y bastante bien, están terminando de atender a un cliente y en seguida me toca a mí. Miro las dos cosillas que tenía en mente sin distraerme mucho y vuelvo a la caja a pagar. Ahora sólo quedan dos clientes-amigos que están más de palique que otra cosa. En esto que entra un chaval de unos 11 años con una bmx algo vieja. De hecho tiene los puños reventados y pregunta cuánto valen los "manillares". La dependienta le responde que hay de muuuuchos precios dándole largas. El niño se rehace rápidamente y señala unos puños negros. -4 euros- le responden, y el chaval vuelve a insistir esta vez con unos blancos mucho más "finos y elegantes". Apunta maneras, pienso. 8 euros, es el nuevo precio. Se le ve convencido pero queda una última cosa, "eso me lo pondríais vosotros ..." pregunta, a lo que le responden que sí, pero que tendría que dejar la bicicleta varios días. El niño contrariado se despide y se va.
Yo no soy ninún manitas pero en cortar unos puños viejos con un cutter y meter unos nuevos dándole un chorreoncito de aceite no creo que se tarde mucho. (...)
Supongo que era mejor seguir cotilleando sobre los pseudo-profesionales de la comarca que hacer un futuro cliente. Tampoco sé cuanto "por culillo" pueden llegar a dar los niños preguntando precios de tal o cual cosa, pero sí sé que cuando les da la calentura por algo, se dejan auténticas fortunas, y a nada que despunten los padres pagan el doble y el triple encantados, hecho que he podido comprobar más de una vez.
En fin, me gustaría finalizar la historia diciendo que dejé las cosas en el mostrador y me largué con un simple adiós, pero lamentablemente no fue así. Estaba firmando el recibo mientras pensaba en lo que me quedaba por hacer esa tarde a la vez que procesaba lo que acababa de pasar en mis narices. Sin embargo, mientras salía por la tienda una parte de mí se alegraba de no haber comprado allí mi bici, a pesar de los pesares, a la vez que volvía a ser plenamente consciente de porqué hacía tanto tiempo que no atravesaba esas puertas...
Por último, como los caminos de internet son inescrutables, he preferido no poner el nombre de la tienda en cuestión para no darle peor propaganda de la que ellos mismos se hacen. A buen entendedor...
Publicado por
Lolo
martes, 10 de noviembre de 2009